Maquillando la estupidez

 

Existe en todos los seres que habitamos este deteriorado planeta y tal como lo afirmó con mucho tino Albert Einstein, a diferencia de la genialidad, esta no tiene límites.

Adivinaron, estoy haciendo alusión a la estupidez humana, que así como en el caso de la genialidad, todos tenemos la posibilidad de llevarla al extremo, pero en el caso de la estupidez, incluso mucho, pero mucho más allá. En resumen, todos los seres humanos somo estúpidos en mayor o menor grado.

Hay algo que puede superar a la estupidez personal, tratar de encubrir o maquillar la estupidez ajena. Es una acción que puede estar calificada  como una de las posiciones indefendibles, pero que resulta ser de las  más comunes en nuestras sociedades del siglo XXI. Lo explico.

Cuando aparece la calificación ESTÚPIDO, esta viene acompañada por un hecho, una expresión, una afirmación, una acción o una decisión. Es lo más común. Una vez que surge el calificativo es imposible borrarlo, porque, aunque no venga acompañado de evidencia comprobable, hay puntos de vista que destapan que lo que se ha hecho tiene una enorme probabilidad de fracasar y las afectaciones que tendrá hacen que el decisor gane la calificación de estúpido.

Vean que aún no hay nada real, pero la mínima posibilidad de que haya un fracaso ya descalifica el hecho y culpa DE LO QUE PUEDA SUCEDER al autor del proyecto.

Así funcionan las sociedades a nivel global, buscando lo malo que puede haber en una decisión. No es difícil encontrar lo negativo en cualquier cosa, pero además, si esta negatividad se logra sustentar mínimamente con datos o con experiencias pasadas, como dicen los abogados, tenemos un caso.

El golpe está dado. No interesa si es verdad o mentira, interesa que hay un riesgo latente, puede resaltarse y alegar que no puede permitirse. Preferible la mediocridad segura rechazando el cambio al riesgoso progreso que de una u otra forma nos puede afectar más que beneficiar. Todo tiene un lado negativo que opaca lo benéfico fácilmente y en política es el pan de todos los días.

Volviendo al maquillaje de la estupidez. Es claro que una vez eres calificado como estúpido es como un palo dado, ese mismo que ni dios lo quita. Por esto, a los personajes asignados para revertir este humillante posicionamiento social, llegan a sumergirse aún más en la estupidez. Ya hay casos donde el que defiende al estúpido original, lo rebasa y se convierte en el foco de los ataques calificando como el estúpido mayor.

Parece un juego de palabras sin sentido, pero en realidad no lo es, porque intentar maquillar el riesgo es mentir y la mentira cuando es descubierta se vuelve una lápida para el mentiroso.

Existen los cínicos, que generalmente son los que en ese momento ostentan el poder. Es muy difícil comportarse cínicamente sin poder, pero una vez que el poder se agota, la estupidez del cínico resalta masivamente como una penitencia existencial por haberse atrevido a “invocar” al cinismo.

Ser calificado como estúpido por defender al estúpido consumado cuando empieza a haber evidencia porque fallo su decisión, lo convierte inmediatamente en una escupidera social que sin problema alguno puede ser pateada incluso los que supuestamente deberían estar con el defensor de estúpidos.

Moraleja, si te piden defender tu estupidez, nunca retes ni te comportes altanero. Escucha y acepta las ideas del crítico. Abre la negociación.

Si te piden defender la estupidez de otro, califícala primero. Si no la consideras una estupidez y decides defender la postura, te convertirás en un segundo frente para los críticos y al final el estúpido original y tú, caerán.

Si te piden defender a un estúpido y aun considerando que lo es, lo defiendes, tú eres más estúpido.

Lección de vida, es imposible borrar o maquillar la estupidez.

     

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