La idiotez de la popularidad.

 

La popularidad es una idiotez, porque hoy es una gran simulación de eficiencia y tergiversación de resultados, a tal grado, que logran confundir a los críticos más tenaces.

El hecho de la popularidad desvanece crítica constructiva con argumentos falaces, que en muchas ocasiones sin entender cómo, justifican la omisión evidente, el fallo con consecuencias y la estupidez rotunda, por el simple hecho de que esta es una afirmación del más popular.

El título de este ensayo abarca a ambas caras de la moneda de la popularidad. Por un lado, a los considerados populares, que en la mayoría de los casos son un timo y por el otro lado, están quienes los han vuelto populares. Ambos son grandes IDIOTAS, así, directo y con mayúsculas. Los primeros, los populares, por engañar en beneficio propio, los otros, los que crean populares, por convertirse en fanáticos irracionales, pero que adicionalmente, son víctimas de engaños, tan obvios, que calificarlos sólo como idiotas, es ser muy gentil.

La eficacia, la inteligencia, la cultura, la honestidad, la educación y los principios, sólo por mencionar algunas de las virtudes que los electores racionales buscan en los representantes, hoy pasan a segundo término. Lo importante es la popularidad. Es lo que “vende”. Sin embargo, aunque parezca increíble, aún hay excepciones, unos cuantos virtuosos populares, con principios tan sólidos, que los alejan cada vez más de participar en política.

Para los políticos populares la virtud no es necesaria, sólo deben mantenerse populares el mayor tiempo posible y en cien años, cuando muy pocos pueden confirmar la realidad de lo que dicen haber hecho, se conviertan en héroes nacionales.

Así es esto estimados contemporáneos, no duden que dentro de cien años los que hoy son los más populares sean los héroes en el siglo XXII, ¿por qué? Porque el engaño si triunfa y la incompetencia y estupidez pueden ocultarse.

La popularidad es el combustible del fanatismo y los desesperados, el suelo fértil para los populistas. Así ha funcionado, funciona y seguirá funcionando por siempre, porque la desesperación y el desconsuelo humano son permanentes y la idiotez de la raza humana, insuperable. Es de lo que se aprovechan los más populares.

 

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