La falacia democrática
¿Alguien todavía se cree ese mito de la
democracia? Millones, los incrédulos como yo, somos los equivocados.
Miren, la democracia es la más famosa
organización social, porque coincide con más destellos de libertad que
cualquier otra, además, incluye conceptos subjetivos como soberanía, que se
venden bien e incluso, y esto es su
mayor “virtud”, posiciona al ciudadano común como un decisor social influyente representado,
pero que gracias a él tienen poder que resuelvan los problemas de quien los
puso ahí. Falso.
Eso de las elecciones donde la mayoría elige
a uno u otro para que represente sus deseos e intereses, no es voluntario. Lo
explico, lo único voluntario es participar, lo demás, es una intervención
directa de las cúpulas sociales, partidos, cámaras o caciques, que “convencen”
a los necesitados y a los desesperados de participar en un sentido para obtener
de soluciones inmediatas, incluso mágicas a problemas ancestrales con mínima
probabilidad de una solución real y definitiva.
La regla es, “Si logras convencer te eligen.”, y este “convencimiento” puede
alcanzarse a través de promesas, que es lo más sencillo. De “ayudas” en metálico,
que es lo más efectivo, o, de coacción directa, que es la última instancia.
La más auténtica y honesta, es la exposición
de la realidad. Hablar con la verdad y señalar abiertamente la imposibilidad de
tener soluciones mágicas. Esta estrategia no funcionará, mucho menos si el
rival del honesto afirma que él sí puede solucionar los problemas. Es una
realidad social, la ilusión de solución vende más que la cruda verdad.
Siguiente etapa, los ganadores cumplen
muy pocas de sus promesas, porque, aunque quisieran cumplirlas, no pueden. La
realidad siempre será más dura de lo que supusieron.
Aparece la opción del metálico que tiene
tal fuerza que puede provocar el olvido de lo prometido. Finalmente, la
coacción para calmar o de plano, aniquilar a los inconformes.
Eso han sido, son y serán las sociedades
humanas, comunidades divididas en explotados y explotadores. Todos lo vivimos a
diario y a cada una de las partes sólo le queda adaptarse a lo que le toca, siempre
con la expectativa de obtener un beneficio adicional en este proceso, en el caso
del explotador, más poder y en el caso del explotado, una nueva recompensa por su
docilidad.
Todos los participantes en procesos de
elección democráticos son futuristas. No puede ser de otra manera. Prometer es
la clave del convencimiento y por no empobrecer puede darse a manos llenas. Es
la mejor manera de ilusionar y hacerse del apoyo de los más necesitados,
desesperados e incautos, abiertos a creer todo. Pregunten a los populistas.
A diferencia de otras especialidades
como medicina o construcción, donde los expertos son los únicos decisores de lo
que hay que hacer, en democracia, cualquiera se siente con la capacidad de
decir que hacer. Sin embargo, no hay ni habrá expertos en democracia. Es un
concepto subjetivo que basa su implantación en lo que desea la mayoría, pero
aunque esto se logré, no necesariamente es lo bueno, lo correcto, lo justo o la
solución real.
El demócrata elegido es un improvisado
que actúa en función de un sentido común empírico o de una esperanza particular
que seguramente no coincidirá con lo que la mayoría espera o quiere. A diferencia
de lo que sucede en las especialidades mencionadas donde sólo el experto sabe
qué hay que hacer, en las democracias todos opinan y lo que alcance el apoyo de
la mayoría es lo que se hará. Generalmente no resulta, la lógica se reduce al
argumento simplista de que es lo que la mayoría quiere, lo cual termina con
cualquier debate.
La incomodidad de una parte de la
población, muchas veces más significativa que la supuesta mayoría, permanece
incómoda e inconforme con los resultados, por lo su crítica abierta continuará
viva.
Volviendo a la representación de la
mayoría. Podría hablarse de una Democracia Representativa, pero la realidad es la
elección la convierte en una Aristocracia Representativa donde una vez más, sólo
las cúpulas del poder de una sociedad, partidos, cámaras empresariales y
oligarcas, son los que realmente serán representados. Los ciudadanos comunes, aunque
hayan votado, no serán representados como les prometieron, porque sostener la
promesa de la democracia como forma de organización social que representa a todos
se consigue con la inversión de muchos recursos económicos que siempre han
estado y continuarán en manos de una minoría.
Lo han dicho muchos estadistas famosos, pero
yo lo resumo, la democracia es la mejor ilusión social. Es en la que mejor se
vive quien tiene para vivir e incluso con todos sus grandes defectos de igualdad,
es el régimen bajo el cual pueden ocultarse y justificarse más.
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