Populismo. Vivir el momento.

 

A diferencia de otros seres poseedores de poder, el final de los populistas supremos llega cuando se ahoga en su supuesta omnipotencia hartando a los otrora protectores, “su ejército”, el crimen organizado o ambos. Por sí solo, víctima de su propio desenfreno deja de ser útil o sencillamente, se transforma en un ente totalmente indefendible.

El populista es fuente de fanatismos. Engaña a naciones enteras y los pueblos pierden la razón, víctimas de una justicia social mal definida, pero muy conveniente donde empiezan a llegar beneficios inesperados en otros gobiernos con el mínimo esfuerzo. Una justificación muy poderosa para que pueblos enteros dejen de pensar.

¿Quién necesita pensar cuando ha aparecido un genio con todo el poder para conceder tus deseos? Sin embargo, con seguridad en el mediano plazo todo desaparezca, porque si el dinero no es generado, desaparece. En los regímenes populistas no se genera, se regala a manos llenas en un principio, por lo que desaparecerá irremediablemente.

En el momento en que empieza a escasear el dinero, la omnipotencia del caudillo populista está en su cenit. al máximo. Sin embargo, la economía va en picada y la reducción de bienestar prometido empieza a evidenciarse. Está fallando, pero para el omnipotente son sólo percepciones. Agudiza la polarización exhibiendo a sus detractores, para distraer e ir tras las arcas intocables, pensiones, reservas de país, el objetivo inaplazable es conseguir más dinero de inmediato.

El populista caerá. Siempre es así, pero la destrucción que han dejado a su paso, pero pasarán décadas para superarla, hundiendo en la miseria los países víctimas del populismo.

Un régimen que se presenta como una salvación y además prueba que lo es regalando dinero, desde luego que convence. No hay cuestionamientos. Pensar con lógica amarga y quién tiene necesidad de la amargura, ya ha habido mucha.

Es bajo la premisa de, vivir el momento, que las sociedades desesperadas vuelven legítimo al populismo cediendo voluntariamente su libertad y matando las democracias.

El siglo XXI es el siglo del populismo y los regímenes totalitarios. Las sociedades, sobre todo los más jóvenes, sólo quieren vivir el momento.     

   

 

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