Triunfalismo

 


El triunfalismo es la sala de espera para la siguiente decepción, ya que este siempre se expresa sin un sustento o si, remotamente, existe uno, este es tan endeble, que la probabilidad de que no se convierta en realidad es extremadamente alta. Nunca será un logro tangible.

El triunfalismo es uno de los engaños preferidos del populismo.

Con el triunfalismo exacerbado se convence con facilidad a cualquier desesperado y si el convencimiento va acompañado de efectivo, los desesperados estarán incondicionalmente contigo.

Funcionó y sigue funcionando para el Narco Régimen mexicano. Mientras haya dinero, durará muchos lustros. Sin embargo, no hay nada peor que la ilusión seguida de la desilusión inmediata. Dejen a un lado la frustración, que en sí misma ya es un golpe moral severo, el sentimiento de haber sido engañado, que iguala en muchos sentidos al de haber sido traicionado. Provoca un sentimiento tan repulsivo contra quien lo cometió que sólo puede llevarte por la ruta del odio profundo. Sin embargo, ¡sorpresa! la presidente, la responsable y representante del Narco Estado mexicano, vuelve a superar el 70% de aprobación por parte de la población.

¿Qué pasa?

El pueblo sabio no le interesa ni lo social, ni lo económico, ni lo político. Le interesa contar con dinero puntual. La tangibilidad del dinero borra de inmediato cualquier desviación. Socialmente, cuando se da esta situación, la oportunidad de revertir el inminente caos, se esfuma, se nulifica, porque “los beneficiados”, no variarán un ápice su posición de “confort”.

El régimen populista lo ha logrado en diferentes épocas de la Historia de la Humanidad. Buscar todo el poder y consolidarlo a base de dádivas, no es nuevo, pero la práctica garantiza que el “pueblo sabio”, no cambie su posición de apoyo al régimen en cuestión. Sólo dejará de apoyarlo cuando el dinero ya no llegue. Sin embargo, será muy tarde, porque cuando eso suceda, es porque ya no hay y si ya no hay, el daño económico del país ya es muy profundo y devastador.

Utilizar dádivas para la compra de votos, primero, y para mantener al pueblo tranquilo, después, siempre termina mal. Sencillamente, no hay dinero que alcance y es bien sabido que, sin crecimiento económico, sin progreso, el dinero se termina. Por más ideología y vocación social altruista, lo económico es lo que siempre prevalece. Tratar de ir contra regla social es un suicidio estatal, se ha comprobado infinidad de veces. Sin embargo, se sigue insistiendo en lo mismo. Es un ciclo, una moda social que surge cada treinta o cincuenta años, fracasa y vuelve al redil una vez que hay que endeudarse para evitar la revolución violenta, porque la que se pregonaba como la salvadora, sólo consiguió hundir más un país que no era perfecto desde luego, pero que transitaba de manera pacífica hacia la democracia.

El Narco Estado no se planeó, pero quien buscó apoyo con el crimen organizado, estúpidamente creyó que lo podía controlar. Es evidente que no fue así. Vendieron el alma al diablo y ahora, descontrolados y desesperados, ya no les importa lo que suceda. Corren por salvar su pellejo.

Internamente no hay gran cosa por hacer, por esto, lo más probable es que estalle el caos. Nadie sabe cómo terminará, pero es seguro que nada positivo saldrá de esto. Lo único positivo que espero es  que los miserables que nos pusieron en esta posición paguen por sus pecados de codicia, hipocresía y traición.       

  

 

 

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