Las necesidades corruptas
Desquicia y frustra
escuchar, todos los días, sobre “el progreso” de una minoría política
improvisada, que además, por la información formal e informal, no merece en
forma alguna lo que han acumulad, pero que además, se han vuelto indispensables
para que poblaciones enteras continúen existiendo. Sin embargo, para que este
proceso continúe, las poblaciones cautivas tienen que satisfacer sus necesidades
corruptas periódicamente.
Una locura total
del tiempo que vivimos, tal vez ha sucedido siempre, pero no se conocían ni los
detalles desastrosos para las familias ni la frecuencia con que ahora ocurre.
La sociedad del
siglo XXI ha matado el altruismo. Ha dejado de ser piadosa y al mismo tiempo,
impresionable. Se ha vuelto individualista más que nunca al grado de que si por
alguna razón nos encontramos ante la disyuntiva de escoger entre nuestro
beneficio y el de los demás, nuestro beneficio siempre llevará la prioridad.
--Es naturaleza
humana-, señalarán los sociólogos.
Sin embargo, aunque
burda la justificación, convence y la deja pasar una sociedad que ya no le
importa nada de lo que sucede a su alrededor, mientras no le provoque una
afectación directa.
Vivimos en una
sociedad en una busca permanente de conveniencias individuales inmediatas. No
importan los costos sociales o económicos, lo que importante es disfrutar en el
momento y lo que provoque la aceptación o negación, que lo resuelvan los
afectados
La mentalidad individualista
aniquilará la civilización tal como la conocimos quienes transitamos el último
cuarto del siglo XX, donde, aun cojeando, se alababa y consideraba base del
progreso auténtico de las civilizaciones el bien común.
El fin de la
convivencia social auténtica y el bien común es la nueva realidad. “Cuánto vales y te diré quién eres”, es la
nueva llave social.
En México
vivimos en una sociedad cautiva por un régimen criminal, lo cual acelera su
deterioro y en quince o veinte años este escrito, será un cuento de infantil sin
final feliz.
Hablar de bien
común será una utopía y la sociedad del siglo XX que mencioné, una fantasía.

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