¿De quién debe depender nuestro bienestar?
La respuesta debería de ser lógica y aplastante para no dejar lugar a ninguna duda, pero no es así, sobre todo si vives en un régimen populista y adicionalmente, eres parte, queriéndolo o no, de una sociedad polarizada, que ahora es víctima de su propia indolencia y que se ha reducido a la búsqueda de sus conveniencias.
Si a las obvias desventajas sociales y económicas de los regímenes populistas añades que el poder del Estado se sustenta en la participación del crimen organizado, imaginas el caos en que vive el pueblo.
La sociedad populista es una sociedad cautiva controlada totalmente y por esto mismo, condenada a permanecer así por décadas.
¿Cómo llega un país a esta situación? Mi hipótesis, a través del mantenimiento de la indolencia social con dadivas con las que se promociona un supuesto interés del régimen en tu bienestar, dádivas que, irónicamente, son financiadas indiscriminadamente con los propios impuestos del pueblo, pero este parece no enterase. Esta realidad no la acepta la población más vulnerable, porque están convencidos de que el régimen les regala el dinero. Este es el posicionamiento más poderoso de los populistas, tanto que, mientras se conserven de este, también conservarán el poder.
De vuelta a la pregunta, ¿de quién depende nuestro bienestar?
Mi respuesta es, de cada uno de nosotros, porque parto de la premisa, de mi creencia, de mi principio, que coloca a las sociedades triunfadoras con el control total de sus destinos. No dependen de ningún “mesías” que resuelva sus problemas y cuentan con los recursos requeridos para su desarrollo y que, además, aprovechan, aunque los populistas intenten impedirlo.
Tu bienestar está en tus manos. Hay sociedades que facilitan su obtención y otras lo dificultan, pero ninguna lo garantiza, siempre dependerá de ti y tu audacia y decisión para conseguirlo. Ni la mediocridad intrínseca en el populismo podrá detener a los capaces.

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