La rebelión caduca
Hubo una época donde las
sociedades se unían tras una causa común que buscaba cumplir una promesa de una
mejora de sus vidas. Ya no es real. Mi afirmación, claro que es tajante, porque
surge de lo que vivo, una polarización extrema, mezclada con la profundización
del individualismo como nunca se había visto y que ya ha contaminado a todas
las sociedades.
Las diferencias entre los
seres humanos hoy son tan marcadas, que tomaría más de una vida las
conciliaciones de las mismas. Entre las creencias, supuestamente razonadas y los
fanatismos, existe un precipicio intelectual
que parte de un análisis detallado de una situación cualquiera donde se
evidencia lo que provoca que suceda lo que esta sucediendo y lo que podría suceder
si no se detiene, hasta la repetición masiva de ideas sin sustento alguno que
se repiten una y otra vez como eco
provocado sin límite las fuera a convertir en una realidad.
El problema es que estos
últimos, los fanáticos, están creciendo geométricamente y ya son la mayoría que,
en su desesperación de salir de su situación trágica, reciben con los brazos
abiertos las promesas de “transformación inmediata” de su condición sin considerar
la viabilidad, pero sobre todo las consecuencias futuras de su decisión.
Las rebeliones de antaño,
por calificarlas dentro de un clasismo nostálgico, eran provocadas por situaciones
injustas donde los beneficios comunes eran la prioridad. En esta época, y me
refiero al siglo XXI, lo individual sobrepasa por mucho la expectativa del
beneficio colectivo, este último puede ocurrir, pero será más una casualidad, poco
prioritaria, porque si por un momento pudiese afectar el beneficio individual
del “caudillo”, de inmediato se descartará.
Lo descrito ya se realiza abiertamente,
porque ya nadie está dispuesto a rebelarse contra lo que el caudillo afirma que
“merece” recibir. A lo más, pudiesen surgir protestas esporádicas y dispersas,
pero sin ninguna posibilidad de detener, modificar o convencer de que el
beneficio sea común.
Las rebeliones directas de las
poblaciones contra sus autoridades son del pasado. Los caudillos o líderes que
las encabezaban son personajes que, aunque saben perfectamente lo que las
sociedades que buscan “liberar” quieren, ya no es su convicción, porque también
dentro de ellos, individualmente, es prioritaria su recompensa y su ansia de
poder, una meta que pasará a un segundo término los beneficios colectivos.
Entiéndase, los beneficios
colectivos son una falacia, argumentos tergiversados para vender rebeliones,
pero que a la hora de la verdad, se transformarán en anzuelos sociales.
Las nuevas generaciones
piensan en “lo suyo” y después, si sobraran beneficios, lo cual generalmente no
ocurre, se repartirán, pero antes, garantizando los mayores beneficios para los
“caudillos” iniciadores de la “rebelión”.

Comments
Post a Comment